El American College of Sports Medicine ha revisado, tras 40 años, qué componentes forman la condición física. El nuevo modelo propone cinco: capacidad cardiorrespiratoria, condición muscular, composición corporal, condición neuromotora y flexibilidad. En este artículo te explico qué significa cada uno, por qué influyen en tu salud y en tu vida diaria, y cómo elegir el tipo de ejercicio más adecuado para tu situación concreta.
Durante muchos años se ha hablado de la condición física como si fuera una sola cosa: estar en forma o no estarlo. En mi experiencia como fisioterapeuta y entrenador, esa idea genera bastante confusión. Hay personas que corren media maratón y no son capaces de levantarse del suelo sin apoyarse. Hay personas con mucha fuerza en el gimnasio y un equilibrio muy pobre. Y hay personas que se consideran «poco deportistas» y, sin embargo, tienen una movilidad excelente.
El artículo de consenso publicado por el American College of Sports Medicine (ACSM) en 2026, firmado por Riebe y colaboradores en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise, pone orden en todo esto. Es un documento de referencia elaborado por un panel de expertos internacionales que revisa qué componentes deben considerarse parte de la condición física y por qué. No es un estudio con pacientes ni un ensayo clínico: es una declaración de consenso, y eso conviene tenerlo claro desde el principio.
Me parece un texto especialmente útil para las personas que atendemos en Fisioactividad Ibiza, porque el propio consenso insiste en una idea que aplicamos a diario: la condición física es un atributo personal y debe abordarse de forma individualizada.
Por qué la condición física es importante para tu salud y tu vida diaria
El consenso arranca recordando algo que la ciencia ha repetido durante décadas: alcanzar y mantener una buena condición física se asocia con mejor salud física y mental, mejor calidad de vida, menor riesgo de enfermedad crónica y discapacidad, mayor longevidad y mejor rendimiento en las actividades que implican movimiento.
Traducido a la vida real, hablamos de cosas muy concretas: subir las escaleras de casa sin quedarte sin aire, cargar la compra desde el aparcamiento, levantarte del sofá sin impulsarte con las manos, jugar con tus nietos en el suelo, caminar por el paseo marítimo sin que te duela la espalda o mantener el equilibrio cuando pisas un bordillo irregular.
El documento del ACSM está dirigido a personas adultas, incluidas las personas mayores y las personas que viven con discapacidad o con enfermedades crónicas. Los autores señalan expresamente que no revisaron la literatura en niños y adolescentes, y que el deportista de alto nivel queda fuera del alcance del documento. Es decir: este consenso habla de personas como la mayoría de quienes leéis este blog.
Qué hizo el consenso del ACSM y con qué criterios seleccionó los componentes
El ACSM había incluido una descripción de los componentes de la condición física en sus publicaciones desde 1986, y la lista se había mantenido bastante estable, con una actualización en 2009 cuando se separaron fuerza muscular y resistencia muscular en dos componentes distintos. Ante la aparición de nueva evidencia, el ACSM reunió una mesa redonda científica para reexaminar el modelo.
El panel de expertos acordó por unanimidad cuatro criterios para decidir qué componentes entraban en el modelo. Cada componente debía cumplir que:
La participación regular en actividad física o ejercicio pueda modificarlo.
- La participación regular en actividad física o ejercicio pueda modificarlo.
- Esté relacionado con la capacidad de realizar actividad física o ejercicio.
- Esté asociado con la salud o con resultados relacionados con la salud.
- Existan valoraciones válidas y fiables que puedan aplicarse de forma factible en la práctica profesional.
Los expertos aclaran también algo importante: que un componente no entrara en el modelo no significa que carezca de importancia, sino que en este momento no había suficiente evidencia o aplicabilidad práctica para incluirlo. Podría reconsiderarse en el futuro.
Otra novedad relevante es que el consenso abandona la clásica división entre componentes «relacionados con la salud» y componentes «relacionados con la habilidad». Durante más de 40 años se separó, por ejemplo, la fuerza o la capacidad cardiorrespiratoria (salud) del equilibrio, la agilidad o la velocidad (habilidad). Hoy sabemos que componentes considerados de habilidad, como el equilibrio, están claramente asociados con la mortalidad, la función física y el riesgo de caídas, así que esa separación ya no se sostiene.
Los cinco componentes de la condición física del nuevo modelo
El modelo actualizado propone cinco componentes interconectados. Tres de ellos se dividen además en subcomponentes. Te los explico uno a uno con las definiciones que propone el propio consenso y con ejemplos de la vida diaria.
Capacidad cardiorrespiratoria: la base de la resistencia y de la salud cardiovascular
El consenso la define como la capacidad de los sistemas circulatorio y respiratorio para llevar oxígeno a las mitocondrias del músculo y sostener una actividad física prolongada sin fatiga excesiva. Refleja el funcionamiento integrado de varios sistemas del cuerpo: cardiovascular, respiratorio y muscular.
Es, probablemente, el componente con la evidencia más contundente en salud. Los autores describen una asociación clara, consistente y convincente entre una mejor capacidad cardiorrespiratoria y una menor mortalidad por cualquier causa y por causas específicas. Citan un metaanálisis reciente según el cual, por cada MET de aumento en la capacidad cardiorrespiratoria (una unidad que mide el gasto energético), se observaba un descenso del 14% y del 16% en mortalidad. Además, una mejor capacidad cardiorrespiratoria se asocia con mejor salud mental, con una relación inversa dosis-respuesta frente a trastornos como la ansiedad y la depresión.
En la práctica se traduce en caminar rápido sin ahogarte, subir cuestas, mantener el ritmo de una clase o llegar al final del día con energía. La buena noticia es que las revisiones sistemáticas muestran mejoras significativas tras programas estructurados de ejercicio aeróbico en adultos, tengan o no una enfermedad.
Condición muscular: fuerza, resistencia y potencia
El consenso agrupa bajo el término condición muscular tres subcomponentes que están relacionados entre sí:
- Fuerza muscular: la capacidad del músculo de ejercer una fuerza máxima contra una resistencia externa.
- Resistencia muscular: la capacidad de repetir contracciones contra una resistencia submáxima durante un tiempo determinado o hasta la fatiga.
- Potencia muscular: la capacidad de ejercer fuerza a una determinada velocidad de movimiento; es el producto de fuerza y velocidad.
Los tres pueden desarrollarse con la práctica constante de ejercicio de fuerza. Las mejoras se explican por adaptaciones neuromusculares, hipertrofia, mejor calidad del músculo, mejoras en la función arterial y el flujo sanguíneo, y numerosos cambios moleculares en el músculo. Y aquí hay un detalle práctico muy relevante: los resultados dependen sobre todo del diseño del programa, es decir, de la carga, las repeticiones, las series, los ejercicios elegidos, la velocidad, los descansos y la frecuencia. No es lo mismo entrenar de cualquier manera que entrenar con un programa bien diseñado.
En cuanto a la salud, el consenso recoge que una mejor condición muscular se asocia de forma independiente con menor riesgo de mortalidad por cualquier causa, cambios positivos en biomarcadores cardiometabólicos, reducción de la presión arterial, mejor salud mental, mejor función cognitiva, mayor densidad ósea, menos dolor lumbar, menos dolor asociado a la artrosis y menor riesgo de diabetes tipo 2. En personas con enfermedad, el ejercicio de fuerza mejora la condición muscular en situaciones como cáncer, ictus, distrofia muscular o VIH.
En personas mayores el mensaje es aún más claro: mejorar la fuerza y la potencia puede mitigar los efectos de la sarcopenia y del deterioro funcional, frenar la progresión de determinadas enfermedades crónicas como la osteoporosis, mejorar la función cognitiva y la realización de las actividades de la vida diaria, y reducir el riesgo de caídas.
Composición corporal: masa grasa y masa libre de grasa
La composición corporal se define como la proporción relativa de la masa corporal total dividida en dos componentes: masa grasa y masa libre de grasa. La masa libre de grasa incluye músculo, hueso, órganos, ligamentos, tendones y líquidos corporales.
Este componente suele asociarse solo con el peso o con la estética, y el consenso lo enfoca de otra manera. Destaca que una menor masa muscular, con o sin exceso de grasa, se asocia con mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa, enfermedad cardiovascular y cáncer. El músculo cumple funciones esenciales en el metabolismo, regulando la captación de glucosa, la respuesta a la insulina y el metabolismo de los ácidos grasos.
La pérdida de masa muscular asociada a la edad y a la inactividad se relaciona con más riesgo de caídas y fracturas, peor capacidad para las actividades de la vida diaria, deterioro cognitivo, trastornos de la movilidad, peor calidad de vida y pérdida de autonomía.
Sobre la valoración, el documento es prudente con el índice de masa corporal: reconoce que se usa mucho, pero señala sus limitaciones para estimar la grasa corporal, especialmente en mujeres, en personas mayores y en algunas personas con enfermedades crónicas. Combinar el IMC con el perímetro de cintura, o con el índice cintura-altura, identifica mejor el riesgo que cualquiera de las medidas por separado.
Condición neuromotora: equilibrio, agilidad y velocidad de la marcha
Este es, para mí, uno de los apartados más interesantes del consenso, porque incorpora de forma explícita componentes que antes quedaban relegados al ámbito deportivo. La condición neuromotora se define como la capacidad de ejecutar de manera eficaz distintas tareas motoras durante la actividad física, combinando habilidades motoras gruesas y finas de diferente complejidad. Sus subcomponentes son:
- Agilidad: capacidad de cambiar de velocidad o de dirección con un movimiento rápido del cuerpo en respuesta a un estímulo.
- Equilibrio: capacidad de mantener una postura manteniendo, alcanzando o recuperando el centro de gravedad dentro de la base de sustentación. Incluye equilibrio estático (con el cuerpo quieto) y dinámico (con el cuerpo o parte de él en movimiento).
- Velocidad de la marcha: la velocidad a la que se camina, con o sin ayuda.
El consenso explica que mantener la estabilidad cuando cambia la base de sustentación (al caminar, correr o subir escaleras) es fundamental para prevenir caídas y lesiones que pueden derivar en pérdida de movilidad. La agilidad permite moverse de forma eficiente al cambiar de dirección y ayuda a mantener la alineación y el equilibrio durante el movimiento; además, existe una relación inversa entre agilidad y miedo a caerse, un miedo que a su vez se asocia con peor función física y menor actividad física diaria.
En cuanto a la salud, el documento recoge que la condición neuromotora se asocia de forma inversa con el riesgo de enfermedad cardiovascular y de hipertensión, y se relaciona con la función cognitiva y la salud psicológica. Las intervenciones con ejercicio neuromotor y multicomponente pueden mejorar la capacidad de realizar las actividades de la vida diaria, reducir la fragilidad y la depresión, aumentar la fuerza, mejorar la cognición y la calidad de vida en personas mayores. También hay evidencia de cambios en la función y la estructura cerebral con el ejercicio neuromotor.
Los autores son honestos con lo que aún no se sabe: reconocen que hay pocos estudios que evalúen los efectos fisiológicos del ejercicio neuromotor aislado, y que la evidencia es insuficiente para afirmar que una mejor agilidad reduzca las lesiones musculoesqueléticas.
Flexibilidad: moverse en todo el rango articular y sin dolor
La flexibilidad se define como la capacidad de mover una articulación a través de su rango de movimiento máximo sin restricción y sin dolor. Es un componente que suele dejarse para el final del entrenamiento, cuando queda tiempo, y el consenso aporta datos que invitan a tomárselo más en serio.
Los autores señalan que un nivel adecuado de flexibilidad puede ser importante para participar de forma segura y eficaz en las actividades de la vida diaria. Citan que las personas de edad media y mayores que realizaban ejercicios de flexibilidad tenían un 24% menos de probabilidad de referir limitaciones funcionales que quienes no hacían ningún trabajo de estiramiento. También recogen que la flexibilidad se asocia con la capacidad de sentarse en el suelo y levantarse a cualquier edad.
La flexibilidad suele disminuir con la edad y puede verse afectada por lesiones y por condiciones como la obesidad, la artrosis, el dolor de espalda o procesos inflamatorios. Y las limitaciones del rango de movimiento pueden derivar en lesiones, dolor y discapacidad, lo que a su vez dificulta seguir haciendo ejercicio: un círculo que veo con frecuencia en consulta.
Entre los beneficios que recoge el consenso: la flexibilidad mejora el equilibrio, un mejor rango en la cadera se asocia con menor riesgo de caídas, y un metaanálisis reciente mostró que los programas de estiramientos reducían las probabilidades de lesión muscular en un 37% en adultos sanos, sin diferencias significativas en las lesiones tendinosas. En el caso del dolor lumbar, los autores son cuidadosos: no hay investigación de calidad suficiente para establecer una relación única entre la flexibilidad de los isquiotibiales y el dolor lumbar, aunque dos estudios metaanalíticos sí apoyan que una menor flexibilidad de los isquiotibiales, junto con una flexión lateral limitada y la lordosis lumbar, se asocian con el desarrollo de dolor lumbar.
Los componentes están conectados entre sí: no se entrenan por separado
Una de las ideas de fondo del consenso es que los componentes de la condición física están interrelacionados y pueden mejorar la salud de forma independiente, aditiva o sinérgica. Cuesta trabajar uno de forma aislada, y los propios autores ponen ejemplos:
- Mejorar la fuerza muscular puede mejorar el equilibrio y la composición corporal.
- El ejercicio de fuerza puede producir mejoras tanto en la capacidad cardiorrespiratoria como en la flexibilidad.
- El entrenamiento aeróbico puede mejorar el equilibrio y la velocidad de la marcha, y atenuar la pérdida de fuerza asociada a la edad.
- Un trabajo amplio de estiramientos puede producir mejoras de pequeña magnitud en la hipertrofia muscular.
El consenso menciona expresamente los programas de ejercicio multicomponente, entre ellos el Pilates, el taichí, el yoga y la danza, que combinan varias modalidades en una misma sesión y que mejoran el equilibrio y la función física, la fuerza, la composición corporal, la flexibilidad, la agilidad, el tiempo de reacción y la velocidad de la marcha en adultos jóvenes y mayores, incluidas personas con fragilidad. Eso sí, advierten de una limitación metodológica honesta: cuando se combinan ejercicios resulta difícil identificar el efecto independiente de cada uno.
Cada persona necesita un enfoque diferente: la individualización como eje
El panel considera la condición física un atributo personal que se entiende mejor en el contexto de las circunstancias particulares de cada persona. Estar «en forma» no significa lo mismo para todo el mundo y depende de factores biológicos, pero también ambientales, socioculturales y psicológicos.
El documento lo ilustra con ejemplos que reconozco perfectamente en el día a día del centro. Para una persona mayor, estar en forma puede significar poder realizar las actividades de la vida diaria y las instrumentales con el objetivo de mantener su vida independiente o disfrutar de su ocio. Otra persona puede buscar reducir riesgos de salud o poder hacer senderismo. Y las personas que viven con discapacidad o con enfermedades crónicas pueden tener limitaciones específicas al ejercicio, lo que hace necesario un abordaje individualizado.
De ahí la conclusión práctica más potente del consenso: los componentes no son una lista estática que se aplique a todo el mundo igual, sino algo dinámico, donde cada componente puede enfatizarse o dejarse en segundo plano según el estado de salud, el nivel de condición física, la presencia de discapacidad y las prioridades de cada persona. Una persona mayor puede priorizar condición muscular, condición neuromotora y masa libre de grasa porque reducir el riesgo de caídas es lo más importante; una persona joven puede priorizar la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza de las piernas para preparar una carrera de 5 kilómetros.
Y añaden un matiz muy útil: es habitual tener niveles muy distintos entre componentes, con buena condición en uno y pobre en otro, lo que indica la necesidad de un trabajo específico en las áreas más débiles. También reconocen que, por factores genéticos y de salud, no todas las personas pueden alcanzar los niveles normativos más altos.
Qué significa todo esto para una persona como tú
Si has llegado hasta aquí, probablemente te estés preguntando lo más importante: y esto, en mi caso, ¿qué implica? Te dejo las ideas que me parecen más aplicables.
- Estar en forma no es solo aguantar caminando. Puedes tener buena resistencia y un equilibrio pobre, o mucha fuerza y muy poca movilidad. Conviene mirar los cinco componentes.
- El equilibrio y la velocidad de la marcha son asunto de salud, no solo de deportistas. El consenso los sitúa dentro del mismo modelo que la fuerza o la capacidad cardiorrespiratoria.
- La masa muscular importa más allá del peso. Perder músculo con la edad y la inactividad tiene consecuencias funcionales concretas.
- La flexibilidad merece un espacio real en tu programa, sobre todo si tienes dolor, artrosis o limitaciones de movimiento.
- El diseño del programa determina los resultados. La carga, las series, la velocidad o los descansos no son detalles menores.
Limitaciones que conviene tener en cuenta
Por rigor, es importante recordar qué es y qué no es este documento. No se trata de un ensayo clínico ni de un estudio con un grupo de pacientes: es una declaración de consenso, elaborada por un panel de expertos que revisó la evidencia disponible y tomó decisiones por acuerdo. Eso aporta una visión muy amplia, pero también implica un componente de juicio profesional.
Los propios autores delimitan el alcance: no revisaron la literatura en niños y adolescentes, el modelo no está pensado para el deportista de alto nivel, y algunas afirmaciones se apoyan en evidencia más limitada, como reconocen en el caso del ejercicio neuromotor aislado o de la relación entre agilidad y lesiones. Además, indican que las valoraciones citadas son ejemplos y no una lista exhaustiva ni un respaldo a pruebas concretas.
Por tanto, la lectura razonable no es «la ciencia ha demostrado que debes hacer esto», sino «así entienden hoy la condición física los expertos, y estos son los componentes que conviene tener en el radar».
Cómo trabajamos los cinco componentes en Fisioactividad Ibiza
Cuando leo un documento como este, lo primero que hago es comprobar si encaja con la forma de trabajar del centro. Y encaja bastante bien, porque nuestros servicios se organizan precisamente en torno a la idea de programa individualizado y supervisado.
Fisioterapia y fisioterapia de suelo pélvico
Si ahora mismo tienes dolor, una lesión o una limitación que te impide moverte con normalidad, el punto de partida suele ser la fisioterapia. Las sesiones son individuales, comienzan con una entrevista inicial exhaustiva y pueden incluir terapia manual, terapia invasiva cuando está indicada y ejercicio terapéutico. Contamos con profesionales especializados en fisioterapia neurológica, oncología y suelo pélvico. En el caso del suelo pélvico, realizamos valoraciones y tratamientos individualizados que pueden incluir terapia manual, electroterapia, ejercicios, biofeedback visual y electroestimulación, con Carlotta Barbini y Araceli Gavone.
Ejercicio Terapéutico: el paso natural cuando ya hay autonomía
Este servicio está dirigido a pacientes que han alcanzado autonomía suficiente para continuar su proceso de forma activa. Se trabaja en grupos reducidos de un máximo de 6 personas, y cada persona sigue un programa individualizado y supervisado por su fisioterapeuta. Es el servicio que mejor recoge la idea del consenso de priorizar unos componentes u otros: recuperación, fuerza, movilidad, dolor y funcionalidad.
Pilates con máquinas: un trabajo multicomponente
El propio consenso menciona el Pilates entre los programas multicomponente que pueden mejorar equilibrio, función física, fuerza, composición corporal, flexibilidad, agilidad y velocidad de la marcha. En Fisioactividad lo ofrecemos en tres formatos. El Pilates individual se realiza con Cadillac, Reformer y Chair, y sirve como introducción y preparación para incorporarse después a grupo. El Pilates Studio es grupal, con reformer con torre y accesorios, impartido por fisioterapeutas o graduados en Ciencias del Deporte, con un máximo de 4 personas. Y el Pilates Terapéutico, también en grupos de 4, mantiene un ritmo menor y está pensado para personas en rehabilitación, con lesiones, con problemas crónicos o que necesitan adaptaciones específicas.
Entrenamiento individual y acondicionamiento físico
Si tu objetivo tiene más que ver con ganar fuerza, mejorar la resistencia, prevenir problemas o mantener un estilo de vida activo, el entrenamiento individual permite un trabajo altamente personalizado. El acondicionamiento físico, en circuito y con un máximo de 8 personas, adapta la intensidad y los ejercicios a cada persona para mantener o mejorar la condición física y prevenir lesiones.
Nutrición
Como el consenso incluye la composición corporal entre los cinco componentes, merece la pena recordar que también ofrecemos nutrición con Jordi Costa Gómez, dietista-nutricionista, con una evaluación completa que puede abarcar aspectos clínicos, dietéticos, deportivos y de composición corporal.
Por qué una valoración individual es el mejor primer paso
Si el consenso del ACSM deja una idea clara es que no existe un único programa válido para todo el mundo. Cada persona tiene un punto de partida diferente, y el mismo ejercicio puede ser adecuado para una persona, necesitar adaptaciones para otra y no ser recomendable en un momento concreto para una tercera.
Por eso, antes de decidir qué componentes priorizar, conviene saber en qué situación estás. En la valoración analizamos el motivo de consulta, los antecedentes médicos, los informes y la medicación, las lesiones o dolencias, el estilo de vida, tus objetivos personales y, sobre todo, cómo te mueves. Es importante acudir con ropa cómoda y calzado deportivo, porque observar tu movimiento y tu capacidad funcional es una parte fundamental. Al terminar establecemos objetivos y recomendamos el servicio más adecuado. La valoración tiene un coste de 55 euros.
En algunos servicios grupales puede ser necesario realizar entre 1 y 3 sesiones individuales de iniciación, con un coste de 45 euros por sesión, que sirven para aprender los ejercicios, conocer las máquinas, detectar molestias, establecer adaptaciones y diseñar un programa individualizado antes de incorporarte al grupo con mayor seguridad y autonomía.
Conclusión
El nuevo consenso del ACSM actualiza un modelo que llevaba décadas prácticamente intacto y propone cinco componentes interconectados de la condición física: capacidad cardiorrespiratoria, condición muscular, composición corporal, condición neuromotora y flexibilidad. Todos cumplen cuatro criterios: pueden modificarse con ejercicio, influyen en la capacidad de realizar actividad física, contribuyen a la salud y pueden valorarse de forma factible en la práctica profesional.
Desaparece la vieja división entre condición física relacionada con la salud y relacionada con la habilidad, se subraya que los componentes están conectados entre sí y se sitúa la individualización en el centro. Para quien quiere cuidarse, el mensaje es esperanzador y muy práctico: no hace falta ser deportista para trabajar tu condición física, pero sí conviene saber por dónde empezar y qué necesitas priorizar.
Cómo dar el siguiente paso
Si te has sentido identificado leyendo este artículo, si notas que hay componentes que tienes descuidados o si tienes dolor o alguna limitación que te frena, una valoración puede ayudarte a conocer tu punto de partida y descubrir qué tipo de tratamiento o ejercicio puede ser más adecuado para ti.
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Referencia del estudio
Riebe D, Magal M, Kaminsky LA, Ross R, Phillips SM, Alhassan S, et al. The Components of Physical Fitness: A Roundtable Statement by the American College of Sports Medicine. Medicine & Science in Sports & Exercise. 2026;58(8):1827-1850.
Paco García Fuentes. Director de Fisioactividad. Fisioterapeuta, entrenador personal e instructor de Pilates.







